Presentación / Presentation

Pilar Baos
Comisaria Independiente
Resp. Exposiciones Fundació Pilar i Joan Miró a Mallorca
Independent curator and head of exhibitions at Fundació Pilar i Joan Miró in Majorca

Al observar, desde una perspectiva global, la obra y la trayectoria de Mónica Fuster me viene al recuerdo lo mucho que en mi infancia me fascinaba ver el mundo siempre repleto de sorpresas, a menudo fulgurante e irreconocible. Años más tarde, descubrí que los físicos lo describían bajo el término de “transición de fase”, es decir, que las estructuras que envolvían mi entorno constituían, en cierto modo, un canto al cambio por el cambio. La materia de las mismas transitaba en continuo movimiento y en fases distintas para demostrar que nada permanece inalterable. Así es como definiría la capacidad creativa de la artista.

Cuerpo humano, materia orgánica, naturaleza, ciencia y arquitectura son referentes claves en la búsqueda de significados que dotan de sentido su concepción estética. El proceso creativo de Mónica Fuster esconde una amplia reflexión sobre los límites y posibilidades de todas las formas de comunicación, ya existentes o por descubrir o inventar. Es también la base de un desarrollo mnemónico de su propia identidad que le permite acceder a umbrales insospechados del conocimiento y, en consecuencia, abre la puerta a una producción artística de carácter multidisciplinario que rompe con las ortodoxias al introducir nuevas gramáticas del sentido y, por tanto, de la armonía.

Su arte, es un arte transgénico que, mediante procesos de adición, interacción y dictámenes cambiantes, logra un resultado formado de múltiples combinaciones que la artista resuelve a través de una interpretación formal muy particular.

Resulta evidente que, en su concatenación, ocurren cambios de estado, similares a los de la encadenación vital. En conjunto, la creación de una obra puede ser el resultado o el complemento de diversos aspectos de una obra anterior y derivada de experiencias vivas, basadas en la reciprocidad contextual y procesual.

Un continuo afán de búsqueda e investigación ha ido conformando la base de su personal lenguaje creativo que se mueve en los parámetros de las instalaciones, proyectos Site Specific y obra sobre papel (dibujo, grabado, fotografía y libros). A partir del año 2000 la artista incorpora como elementos clave el sonido y el video a muchas de sus creaciones artísticas.

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En sus inicios, Mónica Fuster se apoya en la creencia de que el artista tiene la misión de explorar zonas de la conciencia a las que no se puede acceder fácilmente y sus obras giran entorno a los cuestionamientos del cuerpo humano como espacio transitable que es, a la vez, materia e intercambio físico con la naturaleza y su entorno más inmediato. Paralelamente, su percepción de que la identidad –la que más nos hemos esforzado en suprimir- es precisamente la naturaleza animal, la conduce a interesarse por el tema así como por los aspectos mitológicos y cósmicos, creando mundos imaginarios y paralelos. Esta mezcla de conceptos, se añade a su curiosidad hacia el campo de la arquitectura, se manifiesta en su producción a través de una serie de obras cuya metamorfosis hace de frontera transitoria entre pensamiento-acción, espacio-tiempo, realidad-mito, naturaleza-arte. Ello se refleja en obras tales como “Ticking Along” (1998), “Cel·la” (1999) o “Lair” (2001).

En otras de sus producciones, su discurso se centrara más en los procesos de cambio de estructura de la materia en relación con la arquitectura, como ocurre en la instalación escultórica “Gota a Gota” (2002) o “Dulce Antropofagia” (2007). La habilidad de la artista en la creación de estados de transición de fase va a ser una de las constantes que caracterice su producción artística hasta la actualidad.

Su interés por el discurso de la alquimia se remonta a su último ciclo universitario del doctorado, es otra referencia en sus trabajos y del que surge la creación de su propia iconografía vinculada al Arte Hermético. Recordemos que el método de la alquimia, hablando en términos psicológicos, es un procedimiento de amplificaciones ilimitadas que sirve tanto de transformador como de transmisor: un generador de ideas y emociones que ofrecen a la artista caminos alternativos a su desarrollo plástico para dotar a su obra de una evocación poética. Mónica Fuster se basa en un método intuitivo a priori para construir analogías como medio para plasmar su experiencia. A todo ello, la curiosidad de la artista se eleva hasta terrenos que gravitan en el territorio metafísico para poder llegar a lo más esencial. Así lo demuestra en la instalación “Sad Trees” y en su audio-libro Huellas y Señales: animales de otros mundos, ambos realizados en el 2004.

En su desarrollo creativo, Mónica se centra en el contexto arquitectónico o natural existente; concibe la estructura como un todo y, de esta manera, encaja los distintos elementos in situ. Su principio fundamental se apoya en un orden espacial y en disposiciones racionales así como en una gramática comparada que cifra su interpretación y su saber, no en la estética sino a través de su metodología, investigación e intuición. Es el caso del proyecto Site Specif “Andvarp” (suspiro, 2006) en donde la artista vuelve a trabajar sobre la dinámica del aire sobre estructuras arquitectónicas primarias o en el proyecto “Traç” (2005) donde toma como punto de partida la idea de la traslación del dibujo al espacio a través del trazo y la luz en múltiples variaciones, en una de estas lo combina con el estudio de la cristalografía adaptándolo a la arquitectura exterior del edificio de Moneo (Fundación Pilar i Joan Miró a Mallorca) para crear un juego de espejismos caleidoscópicos en aquello oculto bajo el agua. El proyecto se complementa con una múltiple instalación que recorre diversos espacios del interior del edifico mediante dibujos de luz, grabados en seco y tres películas monocromas y sonoras. La intención de Mónica era construir un eje narrativo sobre lo fugaz e ilusorio mediante el mundo de las sombras, visiones o deslumbramientos. También es importante destacar que es a partir de Traç cuando focaliza su interés en el tema de las configuraciones cristalógráficas con el cual lleva trabajando desde entonces y aplicándolo a proyectos recientes o en proceso.

El dibujo y la fotografía constituyen el punto de partida de sus múltiples disciplinas artísticas. Al mismo tiempo, ambas técnicas representan un espacio de libertad absoluto para su expresión plástica donde la percepción del mundo está muy asume un lenguaje personal y deviene en instrumento para su asimilación psíquica. Del mismo modo se puede aplicar a su sentido de conservación de la memoria en la construcción de significados, en hacer visible lo no visible. El magnetismo visual de esta artista le permite que, a través de estas dos técnicas, logre congelar una contemplación dilatada de un instante mágicamente detenido y conectar con los niveles más profundos del inconsciente. Este diálogo de imágenes, junto al uso de la palabra y el objeto, nos transporta a una narración ininterrumpida de gran belleza como es la edición del libro Drawings (2006) donde la realidad y la ficción se entrecruzan y fusionan para contar historias que reflejan emociones ancladas en su perpetua memoria y en su necesidad de transitar y marcar su signo en un espacio propio.

La sutileza de sus dibujos nos acerca también a la concepción estética y formal del arte y el pensamiento oriental y, también, a los métodos tradicionales de creación plásticas japoneses que emanan espontáneamente en sus procesos creativos. Este aspecto hace que sus obras sobre papel se tornen más líricas, si cabe más expresivas y directas, más libres y gestuales. También son experimentales en cuanto que se dirigen hacia nuevos caminos metafísicos, silenciosos y, otras veces, rumores de una naturaleza inquietante y misteriosa. Esta percepción se puede contemplar en la instalación sonora “Among Them” (2007-2009).

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En su serie en proceso “Fotografías, dibujos y analogías” (2008-2011), Mónica actúa como una peculiar botánica, una genetista. Estas obras sobre papel son la fusión de la fotografía y el dibujo donde la artista crea su propio laboratorio a través de la recolección, de la acumulación, archivo y fragmentación como si se tratara de un trabajo de campo, que a su vez se encarna como un catálogo de la pérdida del entorno, de evidencias de memoria y de su propia naturaleza interior. Aparecen como imágenes cósmicas, imágenes de campos magnéticos de lo que Annie Besant denomina Thought forms. Término que utiliza para referirse al modo en el que los pensamientos y emociones crean patrones distintos de forma y color en el aura humana. Dicho de otra forma, tiene algo parecido a formas libres flotantes cargadas con la energía de la mente que las crea. Estas obras transmiten la sensación de que pueden hacerse pedazos en cualquier momento sólo para volver a rehacerse ellas mismas un vez más creando de manera continua la multiplicidad. Lo mismo ocurre cuando observamos su Solo Project “Mientras corren las hormigas” (Arco, 2010) pero en esta ocasión conjuga la representación tridimensional de una escultura cristalografía dispuesta en el espacio dialogando con imágenes y dibujos de la naturaleza, paisajes cotidianos de marcadas geometrías que consiguen evocar sueños oníricos.

La poética que subyace en la obra de Mònica Fuster aborda precisamente los vínculos de la descripción y compresión de la realidad y aquellos comportamientos, involuntarios o no, de la conciencia que la empujan a buscar sensaciones allá donde el razonamiento científico y la actuación técnica puedan llegar. Su reto es mayor al plantearse su proyecto en curso “Levitaciones” que inicia en el 2008, y donde vuelve a tomar como punto de partida la cristalografía y la geometría como lo hizo en la instalación escultórica ”Traç” (2006) a partir de las microfotografías tomadas por Wilson A. Bentley. En esta ocasión, la intencionalidad de la artista es liberar a la escultura de su concepto tradicional de peso y alejarla de la superficie plana para someterla a las leyes del vacío y la gravedad a través de su investigación con el magnetismo, algo que ya experimentó en el proyecto “ 10 onzas contra la fuerza de gravedad” (2007) y que en este último caso desarrolla en colaboración con científicos y estrechamente con el arquitecto Juan Herreros, relación que atañe de forma particular a asuntos conceptuales en cuanto a la interrelación que se ha establecido entre la pieza escultórica y la arquitectura que la contiene y acentúa su sentido.

Su más reciente propuesta artística “Arborescencias” (2011) sigue con sus procesos de investigación entorno a los campos de la ciencia, y la naturaleza. Esta vez, la artista metamorfosea ese microcosmo de la naturaleza mediante el análisis del aceite a través del microscopio y del estudio de las estructuras del Tastir o lacería para crear sus particulares arquitecturas geométricas.

Esta colección de imágenes nos transporta a una lectura ininterrumpida donde la interacción de la realidad y la ficción de lo simbólico le sirven para referirse a la abstracción y elaborar una obra llena de sensaciones cromáticas y formales incorpóreas. Nos muestra que la naturaleza puede ser entendida como auto-manifestaciones misteriosas de la nada que se estructuran partiendo de sus configuraciones biológicas. Son imágenes del orden en el caos que parecen estar cargadas de alguna manera por las energías estructuradas de su propio enigma. Pueden ser vistas como patrones extraídos de lo oculto, lo no visible para devenir luminoso y construir analogías entre el presente y el recuerdo.

Mónica Fuster no es una creadora convencional. Confía de manera innata en su libertad artística sin olvidar su periplo en torno a la búsqueda, la experimentación y la indagación de las infinitas posibilidades que manifiesta su potencial creativo y, que dan lugar a una obra cuyos códigos nos plantean múltiples perspectivas para cautivarnos.

Todo un universo de conexiones que no deja de hablarnos de los cambios de estado o “transiciones de fase”: de lo orgánico y matérico, a lo cristalino e incorpóreo…

Pilar Baos
Junio, 2011

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English version:

Looking at Mònica Fuster’s work and development from a global perspective, I am reminded of my fascination as a child seeing the world always full of surprises, often dazzling and unrecognisable. Years later I discovered that physicists described this using the term “phase transition”, i.e. that the structures shrouding my environment in a certain sense constituted a song to change for the sake of changing. The material of them coursed along in constant motion and in different phases to demonstrate that nothing remains inalterable. This is how I would describe the artist’s creative abilities.

The human body, organic material, nature, science and architecture are key referents in the search for meanings that give sense to her aesthetic conception. Mònica Fuster’s creative process conceals a broad reflection on the limits and possibilities of all forms of communication, existing or yet to be discovered or invented. It is also the foundation of a mnemonic development of her own identity that allows her to access unexpected thresholds of knowledge and, consequently, open the door to a multidisciplinary artistic production that breaks with orthodoxy by introducing new grammars of sense and thus of harmony.

Hers is a transgenic art, achieving through processes of addition, interaction and changing opinions a result made up of multiple combinations which the artist resolves through a very particular formal interpretation.

It is clear that in their concatenation state changes occur, similar to those in the vital chain. Overall, the creation of a work may be the result or the complement of various aspects of an earlier work and derived from living experiences based on contextual and procedural reciprocity.

A continuing hunger to seek and investigate has shaped the basis of her personal creative language, which moves in the parameters of her installations, site-specific projects and work on paper (drawing, printmaking, photography and books). In 2000 the artist began to incorporate sound and video in many of her artistic creations as a key element.

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When she began, Mònica Fuster’s grounding belief was that the artist has a mission to explore areas of consciousness which are not easily accessible, and her works revolve around questions of the human body as a transitable space at once material and physical exchange with nature and its most immediate surroundings. In parallel, her perception that the identity we have most endeavoured to suppress is precisely animal nature leads her to become interested in this issue as well as mythological and cosmic aspects, creating imaginary and parallel worlds. This mixture of concepts, added to her curiosity about the field of architecture, is manifested in her production through a series of works whose metamorphosis acts as a transitory boundary between thought and action, space and time, reality and myth and nature and art. This is reflected in works such as “Ticking Along” (1998), “Cel·la” (1999) and “Lair” (2001).

In other productions, her discourse is more focused on processes of change in the structure of matter in relation to architecture, as in the sculptural installation “Gota a Gota” (2002) and “Dulce antropofagia” (2007). The artist’s ability to create states of phase transition will be one of the constants characterising her artistic production to date.

Her interest in the discourse of alchemy has arisen in the last stage of her doctoral studies; it is another reference in her works, and the creation of her own iconography linked to Hermetic Art stems from it. Let us recall that the method of alchemy, speaking in psychological terms, is a procedure of unlimited amplification serving both to transform and transmit: a generator of ideas and emotions that offer the artist alternative paths in her plastic development to give her work a poetic evocation. Mònica Fuster relies on an a priori intuitive method to construct analogies as a means to translate her experience. With all this the artist’s curiosity reaches lands that rotate in the metaphysical territory in order to arrive at what is most essential. This is shown in the installation “Sad Trees” and her audio book Huellas y señales: animales de otros mundos, both created in 2004.

In her creative development, Mònica is focused on the naturally existing or architectural context; she conceives the structure as a whole and thus fits the various elements in situ. Her fundamental principle is grounded in a spatial order and rational arrangements as well as a comparative grammar that encodes her interpretation and knowledge, not in aesthetics but through her methodology, investigation and intuition. This is the case with the site specific “Andvarp” project (“Suspiro”, 2006), in which the artist returns to working on the dynamic of air over primary architectural structures, or in the “Traç” project (2005), in which she takes as her point of departure the idea of moving the drawing into space using line and light in multiple variations; in one of these she combines it with the study of crystallography, adapting it to the exterior architecture of the Moneo building (Fundació Pilar i Joan Miró in Majorca) to create a play of kaleidoscopic illusions in what is hidden under the water. The project is complemented by a multiple installation that spans different spaces inside the building using light drawings, dry etchings and three monochrome and sound films. Mònica’s intention was to construct a narrative axis over the fleeting and illusory using the world of shadows, visions and glare. It is also important to highlight that it is beginning with “Traç” that her interest becomes focused on the subject of crystallographic configurations with which she has since been working, applying them to recent projects and those in process.

Drawing and photography constitute the point of departure for her multiple artistic disciplines. At the same time, both techniques represent a space of absolute liberty for her plastic expression, where perception of the world takes on a personal language and becomes an instrument for mental assimilation. Similarly, it can be applied to her sense of memory preservation in the construction of meanings, in making what is invisible visible. Through these two techniques this artist’s visual magnetism allows her to freeze a prolonged contemplation of a magically frozen moment and connect with the deepest layers of the unconscious. This dialogue of images, together with her use of words and objects, brings us to an uninterrupted narrative of great beauty such as the book Drawings (2006), where reality and fiction intertwine and merge to tell stories that reflect emotions anchored in perpetual memory and in their need to travel and make their mark in a space of their own.

The subtlety of her drawings also draws us closer to the aesthetic and formal conception of Eastern art and thought and, in addition, to traditional Japanese methods of artistic creation that emanate spontaneously from her creative processes. This aspect makes her works on paper more lyrical — even more expressive and direct, freer and more gestural. They are also experimental in that they are aimed towards new silent, metaphysical paths and at other times murmurs of a haunting and mysterious nature. This perception can be observed in the sound installation “Among Them” (2007-2009).

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In her series in process “Fotografías, dibujos y analogías” (2008-2011), Mònica acts as a peculiar botanist, a geneticist. These works on paper are the fusion of photography and drawing where the artist creates her own laboratory by gathering, storing, archiving and fragmenting as if it were a field work, which in turn is embodied as a catalogue of the loss of the environment, evidence of memory and her own interior nature. They appear as cosmic images, images of the magnetic fields of what Annie Besant calls “thought forms”, a term she uses to refer to the way in which thoughts and emotions create different patterns of shape and colour in the human aura. Put another way, there is something resembling free-floating forms charged with the energy of the mind that creates them. These works convey the feeling that they could shatter at any moment only to put themselves back together, creating uninterrupted multiplicity once again. The same is true when we look at her solo project “Mientras corren las hormigas” (Arco, 2010), but this time she combines the three-dimensional representation of a crystallography sculpture arranged in space, in dialogue with images and drawings from nature, daily landscapes of marked geographies that manage to evoke oneiric dreams.

The poetics underlying Mònica Fuster’s work addresses precisely the links between describing and compressing reality and those behaviours, involuntary or not, of consciousness that push it to seek sensations wherever scientific reasoning and technical performance can reach. Her challenge is greater in considering her ongoing project “Levitaciones”, begun in 2008 and wherein she returns to crystallography and geometry as a point of departure as she did in her sculptural installation “Traç” (2006) using microphotographs taken by Wilson A. Bentley. On this occasion, the artist’s intention is to free the sculpture from its traditional concept of weight and remove it from the flat surface to submit it to the laws of gravity and the vacuum through her investigation into magnetism, something she already experienced in the project “10 onzas contra la fuerza de gravedad” (2007). The latter was developed in close collaboration with scientists and closely with the architect Juan Herreros, a relationship which has also affected conceptual issues regarding the interrelation that has been established between the sculptural piece and the architecture that contains it and accentuates its meaning.

Her most recent artistic endeavour “Arborescencias” (2011) continues with her processes of investigation in connection with the fields of science and nature. This time the artist transforms this microcosm of nature by analysing oil through a microscope and studying the structure of the Tastir or latticework to create her unique geometric structures.

This collection of images takes us to an uninterrupted interpretation in which the interaction between the reality and fiction of the symbolic serve her to refer to abstraction and develop a work full of chromatic and formally disembodied sensations. It shows us that nature can be understood as mysterious self-manifestations from nothing that are structured based on their biological configurations. They are images of order in chaos that appear to be charged in some way by the structured energies of their own enigma. They can be seen as patterns extracted from the hidden, the invisible, to become bright and construct analogies between the present and memory.

Mònica Fuster is not a conventional artist. She innately trusts in her artistic freedom without forgetting her journey in connection with seeking out, experimenting with and inquiring into the infinite possibilities manifested by her creative potential and which give way to a work whose codes offer us multiple perspectives to captivate us.

It is a whole universe of connections that does not cease to speak to us of state changes or “phase transitions”: of the organic and material to the crystalline and incorporeal...

Pilar Baos
June 2011